martes, 2 de septiembre de 2008

El poder de una mano.

Mi marido tiene poderes... a los que ya les he encontrado una valiosa misión, faltaría más: me van a ser de lo más útiles esas noches en las que Ixone se ponga a llorar como una bendita y no nos deje dormir.
Y es que con una sola malo hace que se calme. No es que me importe que de patadas, de hecho me encanta y me quedo como una idiota mirando mi propia tripa y sonriendo cada vez que veo que se levanta al tiempo que siento como ella la golpea... pero aún no he conseguido que él lo sienta y me da penita.
Cuando estoy tirada en el sofá y mi niña se pone guerrera, le pongo la mano para que la note... y es matemático, se para. Es como si tuviese super poderes o algo así. En cuanto la quita, vuelve a empezar. Así que supongo que tendré que esperar a cuando se convierta en futbolista de primera división (de momento está en la cantera) y dé las patadas tan fuertes que se marquen hasta los dedos de su piececitos.

1 comentario:

Marta dijo...

Jajajaja me ha encantado leer esto!
Mi chico debe tener los mismos poderes que tu marido, en cuanto Elsa está revoltosa... mira, mira, pon la mano. Y no falla, yo creo que queda hipnotizada porque no mueve un músculo la tía XD
Debe de ser algo frustrante para ellos, peeero... nosotras no tenemos la culpa jijijiji