jueves, 15 de mayo de 2008

¿Mi primer antojo?

No sé si es un antojo o qué, pero siento una especie de obsesión por los pepinillos y las aceitunas que no es ni medio normal.
Estaba en el super comprando jamón cocido (que, por cierto, he pedido 300 gramos y me han puesto 430... yo alucino...) y juro por dios que me ha venido olor a pepinillo... ya sé que están metidos en botes y latas herméticas y que es imposible, pero un escalofrío me ha recorrido la espalda y he empezado a salivar en plan salvaje.
Casualidades de la vida, estaban justo a mi espalda... ¡¡y había millones!! He estado tentada de salir corriendo y abalanzarme sobre ellos, pero he pensado que a la chica que me estaba atendiendo no le hubiese parecido demasiado educado, así que me he limitado a mandarles pensamientos cariñosos ("esperadme chiquitines, ahora voy a por vosotros"), mirarlos atentamente desde el mostrador de la charcutería (no vaya a ser que algún ser cruel venga y se los lleve todos) y concentrarme en un plan de ataque... o lo que es lo mismo, decidir cómo vaciar la balda sin que la gente piense que me he vuelto loca.
Finalmente "sólo" he comprado aceitunas, porque no tenía carrito y no puedo coger mucho peso... y aquí estoy, escribiendo esto mientras me las como... bueno, eso y manchando la mesa del ordenador con las gotitas que se caen en el trayecto que va desde el bote hasta mi boca.
Pero todo este lío empieza a preocuparme porque... ¿y si de tanto comer pepinillos y aceitunas, mi cuerpo piensa que es una indirecta y me hace un niño? (supongo que entendéis por qué lo digo...)... yo quiero niña (más que nada porque sé que nombre de niña quiero ponerle desde que tengo 8 años y no se me ocurre ninguno de niño que me guste)... aunque claro, pensándolo fríamente, peor sería que me salga una niña con un lunar en forma de pepinillo entre ceja y ceja... creo que esto va a ser el principio de un trauma.